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miércoles, 8 de junio de 2011

Las divisas ‘pelean’ por ser la más baja - Economía - CNNExpansion.com

En la ‘competencia’ de las monedas que más caen, el dólar podría tener más compañeros; el euro, que algunos altos funcionarios piden sea más débil, ha mostrado su ‘interés’ en participar.

Mientras la crisis griega siga en segundo plano, es poco probable que el dólar
desista de liderar la carrera de las divisas que más caen. (Foto: Photos to go)


El dólar tiene el dudoso honor de ir a la cabeza, habiendo caído 16% el último año frente a una canasta de divisas de los principales socios comerciales de Estados Unidos.

Sin embargo, los beneficios de una moneda débil(exportaciones más baratas, la capacidad de 'desquitarse' con los acreedores al saldar la deuda con un papel que vale menos, la oportunidad de culpar de tus problemas al desventurado Banco Central) no pasan desapercibidos para el resto del mundo. Otros quieren conocer también las ventajas de la depreciación.

El euro está "objetivamente sobrevaluado en comparación con otras divisas de referencia", dijo el lunes el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker. Ese comentario se da en un momento en que la divisa común europea -cuyo valor ha subido 22% respecto al dólar en el último año, se cotiza a 1.47 dólares- cerca de su nivel máximo en 52 semanas, pese a que la crisis de deuda griega amenaza con estallar.

Juncker expresó lo anterior en Estrasburgo, Francia, al argumentar que el desastre griego no conduciría a una crisis financiera.

Pero si el insostenible endeudamiento de Grecia es el síntoma más grave, la enfermedad crónica es el mismo euro, que mantiene unidos a países financieramente débiles con otros más poderosos sin proporcionar a los más débiles la oportunidad de mejorar sus posiciones competitivas.

Este problema se da al colocar -sea como fuere- a Grecia y Portugal en la misma unión monetaria que Alemania y Francia, pero mientras más alto es el tipo de cambio del euro más intenso es el dolor inflingido a los países más débiles. Juncker sugirió que los funcionarios europeos debían tener esto en consideración cuando adoptaran reformas para lo que ya se ve como una unión fracturada.

"Hay colegas en el Consejo Europeo que piensan que la zona euro debía tener una política de tipos de cambio. Yo me inclino a pensar que deberíamos tenerla porque, en un mundo estructuralmente globalizado, una unidad monetaria que no cuenta con una política de tipos de cambio no tendrá realmente a largo plazo un perfil satisfactorio", apuntó Juncker.

Pero aunque un funcionario de esa relevancia exija un euro más débil, se sabe que los mercados no tendrán prisa por obedecer. Mientras la economía estadounidense siga luchando por salir de la recesión y su Reserva Federal mantenga las tasas de interés cercanas a cero, el dinero seguirá fluyendo hacia Europa, donde las tasas son más altas y el Banco Central Europeo ha dicho que planeaendurecer más su política.

Y si bien Europa no está respondiendo con decisión a la crisis griega, es difícil exagerar la dimensión de los problemas que enfrentan los legisladores estadounidenses y su fracaso a la hora de diseñar una respuesta coherente. Esta incapacidad también favorece para que los fondos huyan del dólar y prefieran la divisa europea.

Como bien lo verbalizó el economista Ethan Harris de Bank of America, en una nota dirigida a sus clientes el lunes:

"Pese a la actual recesión en el mercado de la vivienda, no existe una discusión seria sobre cómo resolver la crisis. Pese a una tasa de desempleo del 9%, no existe una seria discusión sobre cómo acelerar la recuperación del mercado laboral. Y pese a las evidentes señales de una debilidad económica, no cesa la presión para aplicar restricciones fiscales y monetarias. Estados Unidos necesita establecer una vía clara para lograr la sostenibilidad de la deuda, pero el momento oportuno de (aplicar) las restricciones debería ser dictado por la fortaleza de la recuperación".

Sin embargo, teniendo al Congreso que tiene Estados Unidos, no se puede estar seguro de lo que sucederá. Mientras la crisis griega siga en segundo plano, es poco probable que el dólar desista de liderar la carrera de las divisas que más caen.


domingo, 29 de mayo de 2011

The IMF: Time for a change | The Economist


In contrast, emerging economies, which have long argued that the fund should have a non-European boss, have so far conspicuously failed to fix on an alternative candidate. The Americans, kingmakers in this contest, have said little in public but in private seem happy with Ms Lagarde, not least because they hope to keep both the deputy’s job at the fund and the presidency of the World Bank. Barring embarrassments, one French politician is likely to succeed another.OFFICIALLY the search for a new head of the IMF, to replace Dominique Strauss-Kahn, who awaits trial on charges of sexual assault, has barely begun. The fund’s member governments have until June 10th to propose candidates, after which a shortlist will be drawn up. But in practice the race seems all but over. That is because European countries, which hold over a third of the votes on the IMF’s board, have rallied around a single contender: France’s finance minister, Christine Lagarde.

Ms Lagarde has many strengths. She has been a steady and successful finance minister, no mean feat with a boss as mercurial as Nicolas Sarkozy. A lawyer by profession, she lacks the technical background that the IMF’s best bosses have had, but she is a superb communicator, a good negotiator and, by all accounts, an excellent manager. Given the circumstances of Mr Strauss-Kahn’s departure, the fact that she is a woman is a bonus. It is not hard to see why even Western finance ministers with a low opinion of Mr Sarkozy have rushed to anoint her.

Not exactly Europe’s momentBut it is still wrong. To begin with, the stitch-up, whereby the head of the IMF is a European and the head of the World Bank is an American, is a disgrace. International posts should be filled according to merit. And the growth of emerging economies makes it even less defensible.

Moreover, the case against appointing a euro-zone finance minister as head of the IMF now is overwhelming. The main issue facing the fund is the euro zone. The fund is supposed to be an impartial arbiter of good economic policy. It is the only organisation likely to force a rethink of the euro zone’s failed strategy towards Greece, Ireland and Portugal. There were already fears that Mr Strauss-Kahn’s presidential ambitions led the fund to be too soft on Europe. Ms Lagarde has played a central role in forming the euro zone’s response to its debt crisis, and whatever her private views, she has a public record of defending the indefensible. Staggeringly, some Europeans have tried to argue that only one of their own can understand their continent’s complex politics; imagine the laughter if somebody had made the same argument for Argentina’s finance minister in the 1980s or Thailand’s in 1997.

Besides, there are people who could do the job well who do not happen to be euro-zone finance ministers. Stanley Fischer, the governor of Israel’s central bank and former number two at the IMF, has vast experience of international economics and financial crises. Agustín Carstens, head of Mexico’s central bank and also a former official at the fund, is another safe pair of hands. Tharman Shanmugaratnam, Singapore’s finance minister and head of the IMF’s policy advisory committee, is widely admired for his technical and political skills. Among central banker types, Mark Carney (currently at the Bank of Canada) and Arminio Fraga (formerly president of Brazil’s outfit) have stood out. Admittedly, none of these men is perfect: Mr Fischer, for instance, is too old under existing rules and had a patchy record as deputy head of the fund. But none of them is as compromised as Ms Lagarde.

It is still not too late for emerging economies to unite around a different candidate, and for America to support their choice. Europe’s monopoly of the IMF’s leadership has long been an anomaly. It is time that it ended.